viernes, 19 de diciembre de 2008

Octavio Paz


EL PÁJARO
En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absortase consumaba el mediodía.
Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.

Antonio Machado


ME DIJO UNA TARDE
Me dijo una tarde
de la primavera:
Si buscas caminos
en flor en la tierra,
mata tus palabras
y oye tu alma vieja.
Que el mismo albo lino
que te vista sea
tu traje de duelo,
tu traje de fiesta.
Ama tu alegría
y ama tu tristeza,
si buscas caminos
en flor en la tierra.
Respondí a la tarde
de la primavera:
—Tú has dicho el secreto
que en mi alma reza:
yo odio la alegría
por odio a la pena.
Mas antes que pise
tu florida senda,
quisiera traerte
muerta mi alma vieja.

Oliverio Girondo


EL PURO NO
El No
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooany plurimono noan el morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no.

Alejandra Pizarnik


A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD
Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.

Leopoldo Lugones


A BUENOS AIRES
Primogénita ilustre del Plata,
En solar apertura hacia el Este.
Donde atado a tu cinta celeste
Va el gran río color de león;
Bella sangre de prósperas razas
Esclarece tu altivo salvaje
Pinta su nombre sazón.
Arca fuerte de nuestra esperanza.
Fuste insigne de nuestro derecho.
Como el bronce leal sobre el pecho
Asegura al país tu honra fiel.
La genial Libertad, en tu cielo
Fino manto a la patria blasona,
Y eres tú quien le porta en corona
El decoro natal del laurel.
En tu frente, magnífica torre
De la estirpe, tranquila campea
corno amable paloma la idea
De ser grata a los hombres de paz...
esperanza la impulsa y, parece
Cuando así su remonte acaudalas.
Que de cielo le empluma las alas
Aquel soplo pujante y audaz.
Joya humana del mundo dichoso
Que te exalta a su bien venidero.
Como el alba anticipa al lucero
Aun dormida en su pálido tul,
Cada vez que otro día dorado
Te aproxima a la nueva ventura.
Se diría que el sol te inaugura
Sobre abismos más hondos de azul.
Certidumbre de días mejores
La igualdad de los hombres te inicia
En un vasto esplendor de justicia
Sin iglesia, sin sable y sin ley
Gajo vil de ignorancia y miseria
Todavía espinando retoña
Sobre la áspera Cruz de Borgoña
Que trozaste en los tiempos del rey.

Julio Cortázar

NOCTURNO

Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían, y si esperaban verme.
En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.
Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.
Mi mujer sube y baja una pequeña escalera
como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.
Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.
Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran
a la ventana que tengo a mi espalda.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Manuel Altolaguirre

Era mi dolor tan alto
Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.

¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos.

Si derribaran mi frente
los toros bravos saldrían,
luto en desorden, dementes,
contra los cuerpos humanos.

Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.

Manuel Altolaguirre

León Felipe


Como aquella nube blanca

Ayer estaba mi amor
como aquella nube blanca
que va tan sola en el cielo
y tan alta, como aquella
que ahora pasa
junto a la luna de plata.

Nube blanca, que vas tan sola en el cielo
y tan alta, junto a la luna de plata,
vendrás a parar mañana, igual que mi amor,
en agua, en agua del maramarga.

Mi amor tiene el ritornelo del agua,
que, sin cesar, en nubes sube hasta el cielo
y en lluvia baja hasta el mar.

El agua, aquel ritornelo, de mi amor, que,
sin cesar, en sueños sube hasta el cielo
y en llanto baja hasta el mar.


León Felipe

Menassa Recita-Indios Grises cantan "Allí donde la Tierra"

Pintor y Tango-Menassa

Actuando en Cine-Mi unica Familia

Federico García Lorca

Árbol de Canción

Caña de voz y gesto,
una vez y otra vez
tiembla sin esperanza
en el aire de ayer.
La niña suspirando
lo quería coger;
pero llegaba siempre
un minuto después.
¡Ay sol! ¡Ay luna, luna!
Un minuto después.
Sesenta flores grises
enredaban sus pies.
Mira cómo se mece
una vez y otra vez,
virgen de flor y rama,
en el aire de ayer.
Feredico García Lorca

Miguel Hernández



CANCIÓN PRIMERA

Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse
crispadamente al hombre.

¡Qué abismo entre el olivo
y el hombre se descubre!

El animal que canta:
el animal que puede
llorar y echar raíces,
rememoró sus garras.

Garras que revestía
de suavidad y flores,
pero que, al fin, desnuda
en toda su crueldad.

Crepitan en mis manos.
Aparta de ellas, hijo.
Estoy dispuesto a hundirlas,
dispuesto a proyectarlas
sobre tu carne leve.

He regresado al tigre.
Aparta, o te destrozo.

Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre.

Miguel Hernández

Almafuerte

El soñador
Le aserraron el cráneo;
le estrujaron los sesos,
y el corazón ya frío
le arrancaron del pecho.
Todo lo examinaron
los oficiales médicos
mas no hallaron la causa
de la muerte de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
como el espacio azules
y como el mar acerbos.
¡Oíd! Cuando yo muera,
cuando sucumba, ¡oh, médicos!
ni me aserréis el cráneo
ni me estrujéis los sesos,
ni el corazón ya frío
me arrebatéis del pecho,
que jamás hasta el alma,
llegó vuestro escalpelo.
Y mi mal es el mismo,
es el mismo de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
y como el espacio azules
y como el mar acerbos.

Almafuerte

Tango "Malena"

Malena

Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.
Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro de callejón,
o acaso aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.
Malena canta el tango con voz de sombra,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción se hace amarga en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la flor de una pena,
sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena,
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,
tus labios apretados como el rencor,
tus manos dos palomas que sienten frío,
tus venas tienen sangre de bandoneón.
Tus tangos son criaturas abandonadas
que cruzan sobre el barro del callejón,
cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción.
Malena canta el tango con voz quebrada,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tangoneando

Enrique Molina

ADIÓS

Un día más, sólo un minuto más, para estar vivo
y despedirme de cuanto amé.
Para decir adiós a las cosas que vi y toqué mientras moría
desde el instante mismo en que nací.
Y vino el niño con el premio que sacó en el colegio por su sabiduría,
y el ala de la gaviota golpeando en lo infinito con su vuelo,
vino la cabellera derramada y el rostro de la misteriosa
mujer que estuvo a mi lado, en el lecho, sin que yo lo supiera,
y el río con su lenta corriente musculosa
a través de cada mueble, cada objeto y cada gesto
de quien me ve parir, ¡oh Dios mío!

Un instante más aún en el suelo que pisé,
en el aire de mi respiración
sofocada por el amor, en los vestigios de la pasión,
con cuanto -mosca o sol- me deslumbró en este extraño
planeta, donde perdure año tras año, presintiendo
este límite de espumas, este revuelto torbellino
de la despedida, yo, que tanto fui deslumbrado
por centelleante atracción de la tierra,
por cuanto fue caricia o solamente un espejismo del mundo es mi destino.

Así, pues, despidiéndome de los caballos, de la canoa,
los pájaros, el gato y sus costumbres.
Déjame una vez más mirar las flores y la lluvia.
Es éste el trágico instante en que uno descubre
el delirio misterioso de las cosas, sus raíces secretas,
el instante supremo de decir adiós, a cuanto se adoró en esta vida.

Enrique Molina


Vicente Huidobro

Mis ojos de plaza pública
Mis ojos de silencio y de desierto
El dulce tumulto interno
La soledad que se despierta
Cuando el perfume se separa de las flores y emprende el viaje
Y el río del alma largo largo
Que no dice más ni tiempo ni espacio.

Un día vendrá, ha venido ya
La selva forma una sustancia prodigiosa
La luna tose
El mar desciende de su coche
Un jour viendra est déjà venu
Y Yo no digo más ni primavera ni invierno.

Hay que saltar del corazón al mundo
Hay que construir un poco de infinito para el hombre.

Vicente Huidobro

Nazim Hikmet

Un Canto Marinero

El viento
las estrellas
y el agua.
El ensueño de un sueño africano
cayó en las olas.
Como un velero centelleante
la noche oscura se sentó
en el palo del barco.
Atravesamos todos
este mundo de estrellas
sin cuento,
sin límites ni fin.
Las estrellas
el viento
y el agua.
En la cabeza
un coro marinero
como el agua, como el viento, como los estrellas,
canta una canción,
como los estrellas,
como el viento
como el agua.
Esta canción dice: "No tenemos miedo.
Ni un solo día bajó a nuestros ojos
como una noche de invierno
la penumbra del miedo."
Esta canción dice: "Con el fuego de una risa
sabemos encender nuestro pitillo
ante la muerte."
Esta canción dice: "Hemos trazado nuestra ruta
con el rechinamiento
de los dientes enemigos,
y con los aplausos
de los amigos."
Esta canción dice: "Luchad"
Esta canción dice: "Con nuestra hélice
arrastraremos el mar hasta un puerto
inmensamente claro
luminosamente grande
sin fronteras...
"Esta canción dice: "Las estrellas
el viento
y el agua..."
Por encima de nosotros un coro...
de marineros canta una canción como los estrellas
como el viento
como el agua...
¡una canción!

Nazim Hikmet

viernes, 5 de diciembre de 2008

José Martí


VIERTE, CORAZÓN, TU PENA
Vierte, corazón, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.

Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.

¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?

¡Verso, nos hablan de un Dios
Adónde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!

José Martí

William Blake


El Tigre
Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque?
¿Qué tremendas garras osaron
sus mortales terrores dominar?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre, que te enciendes en luz
,por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?
William Blake

Charles Baudelaire


EL ENEMIGO
Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta,
Atravesada aquí y allá por brillantes soles;
El rayo y la lluvia han causado tal estrago
Que en mi jardín quedan muy pocos frutos bermejos.
He aquí que he alcanzado el otoño de las ideas,
Y que es preciso usar la pala y el rastrillo
Para reunir de nuevo las tierras inundadas,
Donde el agua abre agujeros tan grandes como tumbas.
¿Y quién sabe si las flores nuevas con que sueño
encontrarán en este suelo deslavazado como un arenal
el místico alimento que les daría vigor?
-¡Oh, dolor!, ¡oh, dolor! El tiempo se come la vida
y el oscuro Enemigo que nos roe el corazón
crece y se fortalece con la sangre que perdemos.


Charles Baudelaire

Charly García


Maradona Blues
Yo ya no existo sin pasado,
entre la oscuridad y la luz.
Yo se que existo en otro lado,
yo ya perdí el autobús,
como en el Maradona blues.
Un accidente no es pecado,
y no es pecado estar así?
Pero aquí estoy en este lado,
por eso déjame salir,
yo solo quiero tu vivir.
¿Qué es el pasado en nuestra vida?
Por qué ese peso sigue aquí?
Yo te he cuidado,pero ahora es cara o cruz.
Yo no te di mi fucking blues.
Es sólo un Maradona blues...
Yo ya te entiendo, hice todo para ser.
Yo no se qué hago con mi luz
y tengo el Maradona blues.
No se qué droga te arenga más que yo,
pero esta lluvia no pasó...
Estoy llorando aquí por vos.
Si señores.
García-Maradona

Atahualpa Yupanqui

Cantos del Sur (Poemas)

Anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo
forastero en todas partes, destino de trovador.
Un día le pidió al viento que lo hiciera payador
y el viejo viento surero los secretos le enseño,
y le lleno la guitarra de cantos en "Mi" menor.

Bajo el ombú solitario como un gaucho medito;
probo su voz en la Cifra, el Rasguido se encendió;
en la Milonga Surera serios asuntos trato',
y alzando poncho y viguela de su rancho se alejo'
y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo'.

Le fue creciendo la fama de Dorrego a Realico',
de Bahía a Santa Rosa; del Bragado al Pehuajo',
paso por el Pergamino, allá por el veintidós,
cruzo la tierra entrerriana con rumbo al Huayquillaro',
tal vez pa' pitarse un chala bajo los ceibos en flor,
y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo'.

Tanto torearlo al destino, el destino lo "pialo'".
Volvía buscando pampa, como vuelve un trovador,
contemplando las gramillas, por esos campos de Dios,
volvía buscando pampa, como vuelve un trovador,
rico de lindas riquezas: guitarra, amigos, canción.
En la mitad del camino se le canso' el corazón
y entro de golpe al silencio, y el silencio lo tapo'.

Lo mentaron algún tiempo el Peón, el Estibador,
el Hombre de Siete Oficios, los paisanos del Frontón,
y como la vida tiene su ley y su sin razón,
le fue llegando el olvido, y el olvido lo tapo'.

Don Luis Acosta García se llamaba el payador,
hombre nacido en Dorrego y que mucho trajino',
Hombre de lindas riquezas: guitarra, amigos, canción
Don Luis Acosta García: lindo nombre pa' un cantor!
que anduvo de pago en pago y en ninguno se quedo'

Atahualpa Yupanqui

Joaquín Sabina

Yo me bajo en Atocha

Con su boina calada, con sus guantes de seda,
su sirena varada, sus fiestas de guardar,
su vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda...
Su partidita de mus, su fulanita de tal.
Con su todo es ahora, con su nada es eterno,
con su rap y su chotis, con su okupa y su skin,
aunque muera el verano y tenga prisa el invierno
la primavera sabe que la espero en Madrid.
Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
Su taleguito de hash, sus abuelitos al sol.
Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
su dieciocho de julio, su catorce de abril.
A mitad de camino entre el infierno y el cielo...
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.
Aunque la noche delire como un pájaro en llamas,
aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá,
aunque la maja desnuda cobre quince y la cama,
aunque la maja vestida no se deje besar,
"Pasarelas Cibeles", cárcel de Yeserías,
Puente de los Franceses, tascas de Chamberí,
ya no sueña aquel niño que soñó que escribía,
Corazón de María, no me dejes así...
Corte de los Milagros, Virgen de la Almudena,
chabolas de uralita, Palacio de Cristal,
con su "no pasarán" con sus "vivan las caenas",
su cementerio civil, su banda municipal.
He llorado en Venecia, me he perdido en Manhattan,
he crecido en La Habana, he sido un paria en París,
México me atormenta, Buenos Aires me mata,
pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid.
Pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.

Joaquín Sabina



Carlos Gardel


Adios Mujer

Adios mujer,

me voy pa'la frontera

a ver lo que me espera

y luego volveré.


Si al regresar te encuentro

como quiera

para otras nuevas tierras

de aquí, te llevaré.


Te quedarás solita,

mientras vuelva,

por eso yo quisiera

y es mi voluntad...


Puedes gozar

con todo el que tu quieras

más cuando vuelva

te tienes que aplacar.


Si al regresar

me encuentro abandonado,

bien hecho...por confiado,

ni modo de llorar.


No he de tirar

todo lo que he comprado,

pués como me ha costado,

para otra servirá.

Carlos Gardel

jueves, 4 de diciembre de 2008

Germán Pardo García


UN CABALLO EN LA SOMBRA
Montañas, sólo montañas.
Soledad de cielo y campo.
Nunca otra noche en mi vida
como esa noche de espanto;
de asolación en los aires
y poderío satánico.
Por medir la oscuridad
griten la sombra, angustia
doy el grito, profundamente
quedó en la sombra temblando.
Potestades, Poderíos.
Rondas luces, viento aciago,
y de pronto la presencia
de un caballo.
Era negro como el ídolo
de la noche, y un penacho
de crines atormentadas
cubría su cuello bárbaro.
Potro de climas indómitos,
nadie lo hubiera humillado
con el rigor de unas riendas
o la amenaza de un látigo.
Iba sin rumbos en la noche
por los caminos dramáticos,
y cabalgaba la muerte
sobre el poder de sus flancos.
Sentí caer en mi espíritu
la maldición de los astros;
grité en la sombra, en la sombra
por ahuyentar el presagio,
y el grito, profundamente
quedó en la noche temblando.
A la distancia, alaridos;
fatalidad en los ámbitos,
y un temblor como de fuga
de un caballo.
Después, silencios fatídicos.
Soledad de cielo y campo.

Pedro Salinas


Razón de Amor
Nadadora de noche, nadadora
entre olas y tinieblas.
Brazos blancos hundiéndose, naciendo,
con su ritmo
regido por designios ignorados,
avanzas contra la doble resistencia sorda
de oscuridad y mar, de mundo oscuro.
Al naufragar el día,
tú, pasajera de travesías por abril y mayo,
te quisiste salvar, te estás salvando,
de la resignación, no de la muerte.
Si te rompen las olas, desbravadas,
hecho su asombro espuma,
arrepentidas ya de su milicia,
cuando tú les ofreces, como un pacto,
tu fuerte pecho virgen.
Se te rompen las densas ondas anchas de la noche
contra ese afán de claridad que buscas, brazada por brazada,
y que levanta un espumar altísimo en el cielo;
espumas de luceros, sí, de estrellas,
que te salpica el rostro con un tumulto
de constelaciones, de mundos.
Desafía mares de siglos, siglos de tinieblas,
tu inocencia desnuda.
Y el rítmico ejercicio de tu cuerpo soporta,
empuja, salva mucho más que tu carne.
Así tu triunfo tu fin será, y al cabo, traspasadas el mar,
la noche, las conformidades, del otro lado ya del mundo negro, en la playa del día que alborea, morirás en la aurora que ganaste.

Cesar Vallejo


Guitarra


El placer de sufrir, de odiar, me tiñe
la garganta con plásticos venenos,
mas la cerda que implanta su orden mágico,
su grandeza taurina, entre la prima
y la sexta
y la octava mendaz,
las sufre todas.

El placer de sufrir... ¿Quién? ¿a quién?
¿quién, las muelas? ¿a quién la sociedad?,
los carburos de rabia de la encía?
¿Cómo sery estar, sin darle cólera al vecino?

Vales más que mi número, hombre solo,
y valen más que todo el diccionario,
con su prosa en verso,
con su verso en prosa,
tu función águila,tu mecanismo tigre,
blando prójimo.

El placer de sufrir,
de esperar esperanzas en la mesa,
el domingo con todos los idiomas,
el sábado con horas chinas, belgas,
la semana, con dos escupitajos.

El placer de esperar en zapatillas,
de esperar encogido tras de un verso,
de esperar con pujanza y mala poña;
cuerda y la guitarra,llorando días y cantando meses.

Vicente Alexandre


Corazón Negro

Enigma o sangre de otras vidas pasadas,
suprema interrogación que ante los ojos me habla,
signo que no comprendo a la luz de la luna.
Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías
a latidos inciertos, bocanadas calientes,
vaho pesado de estío, río en que no me hundo,
que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.
Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.
Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,
entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,
veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,
esa sola sospecha de sangre que no pasa.
¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,
corazón que algún día latiste entre unas manos.
beso que navegaste por unas venas rojas,
cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!

Raúl González Tuñon


Un Poeta Murió al Amanecer

Sin un céntimo, tal como vino al mundo,
murió al fin, en la plaza, frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas, las esperanza y la miseria.

Fue un poeta completo de su vida y de su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera,
y como hombre de su tiempo que era,
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del café, los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer,
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.

Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Bécquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta
y una antigua fragata dentro de una botella.

Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro.
Tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,
y un pájaro en el hombro.


Charles Bukowsky


A Solas con todo el Mundo
La carne cubre el hueso

y dentro le ponen

un cerebro y a veces un alma

y las mujeres arrojan

jarrones contra las paredes

y los hombres beben demasiado

y nadie encuentra al otro

pero siguen

buscando de cama

en cama,

la carne cubre

el hueso y

la carne busca algo más carne.

no hay ninguna posibilidad:

estamos todos atrapados

por un destino

singular.

nadie encuentra jamás al otro.

los tugurios se llenan

los vertederos se llenan

los manicomios se llenan las tumbas se llenan

nada más se llena.


Fernando Pessoa


Llueve en Silencio

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda


y no hace ruido sino con sosiego.


El cielo duerme. Cuando el alma es viuda


de algo que ignora, el sentimiento es ciego.


Llueve. De mí (de este que soy) reniego...



Tan dulce es esta lluvia de escuchar


(no parece de nubes) que parece


que no es lluvia, mas sólo un susurrar


que a sí mismo se olvida cuando crece.


Llueve. Nada apetece...



No pasa el viento, cielo no hay que sienta.


Llueve lejana e indistintamente,


como una cosa cierta que nos mienta,


como un deseo grande que nos miente.


Llueve. Nada en mí siente...


Jorge Luis Borges


Ajedrez


I. En su grave rincón, los jugadores

Rigen las lentas piezas. El tablero

Los demora hasta el alba en su severo

Ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

Las formas: torre homérica, ligero

Caballo, armada reina, rey postrero,

Oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

Cuando el tiempo los haya consumido,

Ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra

Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito.

II. Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada

Reina, torre directa y peón ladino

Sobre lo negro y blanco del camino

Buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada

Del jugador gobierna su destino,

No saben que un rigor adamantino

Sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero

(La sentencia es de Omar) de otro tablero

De negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza

De polvo y tiempo y sueño y agonías?